Cuando la Segunda Guerra mundial terminó, las secuelas que dejó en Europa marcaron el inicio de un movimiento en Italia conocido como el Neorealismo italiano. Esto consistía en presentar a una europa destrosada, desalmada ya en la postguerra, y, como no, empobrecida en los baldíos marginales.
Es así que nace Mamá Roma, la segunda película de Pier Paolo Pasolini. En ella, se narra la historia de Mamá Roma – Ana Magnani con una actuación soberbia -, una prostituta que deja las calles de un suburbio marginal, que se instala en las periferias de Roma, que, como toda madre, brega por el futuro de Ettore, su hijo de carácter débil y propenso a las influencias amicales que, al conocer Roma, conoce también a Bruna y con ella las apuestas del amor.
La cruz que lleva Mamá, mujer de carácter indestructible, soberbio, fuerte, se personifica en aquel personaje que, cuando se encuentra en apuros económicos, acude a ella para que, como antes del viaje a Roma, invada las calles en busca de clientes, de dinero, de tranquilidad. Como muchas películas de este Movimiento, el final no es un happy ending de cintas comerciales, tampoco abre la esperanza de un porvenir dichoso, mucho menos presenta moralejas solapadas.
